lunes, 20 de mayo de 2013

Slidderyford


Dolmen de Slidderyford, en Dundrum (Irlanda del Norte); siguiendo el uso inglés, a menudo llamado crómlech.

Los ortostatos (piedras verticales que actúan como columnas) tienen una altura de 1'30 metros aproximadamente. La losa horizontal tiene una altura de unos 2 metros.

También conocido como Dolmen de Wateresk.

Los campos siguen cultivándose en torno a estas piedras. Los pájaros siguen posándose en su superficie.

Sigue el viento desgastando, persistente, sus arenas, minerales que pasan a formar parte del suelo, del grano, de los pájaros, del viento.

Sigue el Sol y la Luna en círculos danzantes, periódicos, elevándose vertiginósamente sobre él, cada día, cada noche. Para estas piedras, el Sol y la Luna son veloces meteoros que suben y bajan en un instante, incansables, persiguiéndose, coincidiendo, revoloteando en un cortejo que no entiende después de tanto tiempo, pero que le agrada, no muy distintos de los pájaros o del viento.

Apenas recuerda a la criatura que en torno a él remolineaban, temían, se alegraban. Aún pasan cerca de él, cosechan, maldicen la tierra seca, se regocijan en la lluvia, se pierden en mil asuntos vanos, luchan, sufren, sienten, pelean, en torno remolinean, temen, se alegran, nacen, mueren.

Slidderyford se pregunta a veces si todo esto no se tratará de un juego, de un combate. No imagina que probablemente sea él el primero que vuelva a dormir, a visitar el sueño, a ser olvidado. Tiene memorias de magma y noches perpétuas; a veces intuye el mar, no tan lejano, y se pregunta si, liberado algún día de su labor como torre celeste y pregón de estaciones, estará en él su último destino.

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